“De cristal”. ¡Qué dulce, delicado y sugestivo título!, ¿verdad? Pues sí. Este es un libro hecho para sentir e imaginar con la dulzura y la sonoridad de las palabras.
“De cristal”. ¡Qué dulce, delicado y sugestivo título!, ¿verdad? Pues sí. Este es un libro hecho para sentir e imaginar con la dulzura y la sonoridad de las palabras.

“Este es un delicado y encantador viaje por la infancia, donde la ternura se convierte en verso y la imaginación florece en cada página. Un libro de poemas para niños, y para todo público sensible, que celebra la belleza de lo cotidiano”. Con estas palabras, la editorial trujillana Infolectura presenta la segunda edición del hermoso libro titulado DE CRISTAL (2025), escrito por la maestra Dina Amada Sánchez Baca.

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“Mariposas que danzan con el viento, caracoles que recorren jardines de plata, ríos que cantan bajo la luna; (…), el afecto familiar, la amistad y el anhelo de compartir la esperanza con quienes más la necesitan. Estos son los temas recreados en un efluvio rítmico y musical, destinados a mecer el corazón infantil”, subraya el texto de la presentación.

Lectura literaria

¿Qué implicancias traen consigo las palabras citadas anteriormente? ¿Son estas cualidades las que determinan la calidad de una obra literaria pensada en la niñez? Como sabemos, la llamada literatura infantil siempre ha sido objeto de reflexión y de crítica.

En las recientes décadas, por ejemplo, se ha puesto especial atención a su función formativa y estética. Al respecto, la especialista Teresa Colomer (2005) sostiene que la literatura dirigida a niños y niñas debería asumirse como una forma de acceso al arte verbal y a la construcción activa de significados.

Desde esta perspectiva, la lectura literaria en la infancia tendría que constituirse en una experiencia estética y social, cuyo objetivo principal debería ser el desarrollo de la sensibilidad y la inteligencia del lector, desde edades tempranas. Colomer resalta la importancia de proponer obras que aviven la capacidad cognitiva y emocional de los niños, en lugar de realizar actividades simplistas que resulten efectivas pero limitantes.

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Necesarias preguntas

El investigador Juan Cervera (2003), por su parte, subraya la necesidad de promover un “encuentro natural” entre el niño y la literatura, privilegiando el placer y el juego como formas de acceso. Para él, una literatura infantil valiosa no debe imponer aprendizajes ni promover mensajes moralizantes. El fin primordial debe ser generar una relación espontánea, afectiva y estéticamente significativa con los textos.

Tanto Colomer como Cervera coinciden en la importancia de ese acercamiento estético y cognitivo a la literatura. En esta línea de pensamiento, la maestra Marcela Carranza (2016) cuestiona los marcos escolares que subordinan la literatura infantil a objetivos meramente pragmáticos o extraformativos. Ella aboga por una literatura “sin adjetivos”, que reivindique su legitimidad estética y su autonomía como creación artística, reconociendo en los niños a lectores capaces de interpretar, imaginar y pensar críticamente.

A partir de estos planteamientos, cabe preguntarse: ¿es este “encuentro natural” el que debe primar?; ¿es el encuentro con las palabras el que debe encaminar al niño hacia el disfrute estético? ¿De qué manera ese tránsito posibilita el desarrollo cognitivo? ¿Cómo se conjuga el disfrute lingüístico con el desarrollo de la sensibilidad y del pensamiento?

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Bajo la lupa

Bajo estas premisas, considero necesario dar una doble o triple mirada a las obras literarias que se vienen produciendo y difundiendo en nuestra región. Seguramente nos encontraremos con la natural e inevitable heterogeneidad. He ahí nuestra responsabilidad como lectores para saber discriminar. He ahí la responsabilidad del padre, de la madre, del maestro, de la maestra, para seleccionar y proponer lo que resulte apropiado.

Definitivamente, no es una tarea sencilla. Es cierto que, últimamente, el propósito comercial y figurativo está subordinando al exigente trabajo creativo. También es cierto que, bajo la etiqueta del “plan lector”, se esconde un menosprecio (inconsciente quizá) a la capacidad de nuestros niñas y niñas. Sí. Es cierto. ¡Pero igual de cierto es la existencia de obras literarias respetables que responden muy bien a los requerimientos que plantean los tres especialistas citados anteriormente! “De cristal”, de Dina Sánchez Baca, es una muestra de ello.

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De cristal

¡Qué delicado y sugestivo título!, ¿verdad? Pues sí. Este es un libro hecho para sentir e imaginar con el dulce discurrir de las palabras. Sus diáfanos poemas nos conectan con seres, experiencias y espacios llenos de vida y amor. La sencillez de su lenguaje nos lleva de la mano —saltando y cantando— por los senderos de las emociones y de la imaginación ilimitada.

Esta conexión emocional con el lector nos acerca a la poesía, de manera natural y lúdica. Y ese es justamente su gran valor. En este libro, la sencillez lingüística no es sinónimo de pobreza verbal. ¡Por el contrario! Los poemas de “De cristal” están envueltos en figuras literarias y sublimados de armonía sonora. Y como si ello fuera poco, tienden puentes a la libertad imaginativa y al encuentro con la naturaleza.

Tal como se declara en la contratapa, “es una invitación a leer en voz alta, a soñar juntos y a redescubrir la belleza en los actos simples de la vida”.

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