José Joaquín Olmedo, quien se formó académicamente en Lima, es autor del más importante canto poético en elogio de Bolívar y Junín.
José Joaquín Olmedo, quien se formó académicamente en Lima, es autor del más importante canto poético en elogio de Bolívar y Junín.

La batalla de Junín, realizada el 6 de agosto de 1824, es seguramente la más encarnizada y sangrienta que se libró en las históricas pampas del altiplano de la región central del país. Jornada épica y heroica, pues el encarnizado combate se libró a punta de lanzas, espada, puñales y toda clase de arma blanca. Ninguna otra batalla por la independencia tuvo tan sangriento carácter en una jornada decisiva para el destino no solo de nuestra patria, sino de toda Hispanoamérica. Por eso se emocionó tanto el guayaquileño José Joaquín Olmedo, que quiso perennizar el histórico y decisivo acontecimiento modelándolo bajo la alta forma de la poesía épica, digna de los héroes inmortales.

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PROCLAMA DE BOLÍVAR ANTES DE LA BATALLA

El historiador Virgilio Roel Pineda, en su artículo “Conatos, levantamientos, campañas e ideología de la independencia”, publicado en el tomo VI de la “Historia del Perú” por Juan Mejía Baca, explica que previamente, desde Huánuco y sus inmediaciones partieron las tropas independientes distribuidas en dos cuerpos del ejército: el primero siguió la ruta que pasa por Huariaca y el segundo marchó por la que va por la quebrada de Cayna y Yanahuanca. Ambos cuerpos del ejército libertador se reunieron en los alrededores de Rancas, el 1° de agosto. Allí Simón Bolívar pasó revista a las tropas y las arengó con un emotivo mensaje, que transmitía la seguridad y confianza del triunfo ante un enemigo fuerte y superior:

“¡Soldados: váis a completar la obra más grande que el cielo ha encargado a los hombres: la de salvar a un mundo entero de la esclavitud!

¡Soldados: los enemigos que váis a destruir se jactan de catorce siglos de triunfos; ellos, pues, serán dignos de medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil combates!

¡Soldados: el Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aun la Europa liberal os contempla con encanto, porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo! ¿La burlaréis? ¡No, no, no! ¡Vosotros sois invencibles!”

JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO Y EL CANTO A LA VICTORIA DE JUNÍN

José Joaquín Olmedo, quien se formó académicamente en Lima, es autor del más importante canto poético en elogio de Bolívar y Junín. El triunfo patriota generó una locura bolivarista, en cuyo contexto Olmedo ideó su “Canto”, y aunque la victoria de Ayacucho produjo un frenesí, un delirio supremo, como advierte Luis Alberto Sánchez, compuso el poema épico “La victoria de Junín” que, en realidad, no fue bien recibido por el propio Bolívar por los excesos y comparaciones, sin advertir que la poesía no es historia, sino emoción, admiración y orgullo.

En realidad, José Joaquín Olmedo no era un novato en la creación literaria, pues ya tenía una importante producción literaria, especialmente en forma de odas, es decir de canto emocionado a algo o a alguien por su carácter superior y extraordinario.

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LA POESÍA ÉPICA

Es bueno considerar al respecto que la poesía épica es una creación de carácter heroico que expresa, con entusiasmo y admiración, la grandeza extraordinaria de los hechos y acontecimientos capaces de interesar a una civilización o conjunto de naciones. Su máxima expresión es la epopeya, como “La Iliada” y “La Odisea”; en orden de trascendencia y jerarquía le sigue el poema épico, como “El poema de Mio Cid” en la literatura española; sigue el canto épico, que exalta un determinado hecho o acontecimiento trascendental específico, que puede interesar a una nación o conjunto de naciones, como el que estamos analizando ahora.

Según lo expuesto, la composición de Olmedo corresponde estrictamente a una combinación de poema y canto épico, pues, aunque el personaje central es Bolívar, el acontecimiento de la batalla de Junín y sus repercusiones se proyectan no solo a todo el Perú sino a toda Hispanoamérica.

UNOS VERSOS ÉPICOS

Citamos como ejemplo las siguientes estrofas del célebre poema: “¡Salud, oh vencedor! ¡oh Sucre! Vence, / y de nuevo laurel orla su frente; / alta esperanza de tu insigne patria, / como la palma al margen de un torrente / crece tu nombre…, y sola, en este día / tu gloria, sin Bolívar, brillaría. / Tal se ve Héspero arder en su carrera, / que del nocturno cielo / suyo el imperio sin la luna fuera.

Por las manos de Sucre la Victoria / ciñe a Bolívar laurel inmarcesible. / ¡Oh Triunfador! La palma de Ayacucho, / fatiga eterna al bronce de la fama, / segunda vez Libertador te aclama”.

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UNA TRADICIÓN DE RICARDO PALMA Y LOS HÚSARES DE JUNÍN

También con su ameno y artístico estilo Ricardo Palma refiere cómo en los incidentes del combate librado a punta de arma blanca, el ejército realista se perfilaba como ganador del decisivo combate, que ya anunciaba con regocijo el clarín de Canterac, una de cuyas víctimas, el general Mariano Necochea parecía agonizar; sin embargo, “un escuadrón peruano de reciente formación, el que por su falta de pericia había quedado rezagado, se reanima, “carga bizarramente por un flanco por retaguardia a los engreídos vencedores y el combate se restablece. Los derrotados se rehacen y vuelven con brío sobre los escuadrones españoles”. Eran las tropas comandadas por José Andrés Rázuri.

Así la tornadiza victoria realista se declaraba a favor de Perú y Necochea era rescatado.

“-¡La pim…pinela! –contestó el Libertador, quien había presenciado todos los incidentes de combate-. ¡Vivan los húsares del Perú!”, frase que después varió a Húsares de Junín.

TAMBIÉN PABLO NERUDA Y MIGUEL ANGEL ASTURIAS

También los formidables Premios Nobel, el chileno Pablo Neruda y el guatemalteco Miguel Angel Asturias han exaltado la gesta épica del libertador en sus poemas “Un canto para Bolívar” y “Bolívar”, respectivamente.

Al primero pertenecen estos versos: “De qué color la rosa que junto a tu alma ofrecemos? / Roja será la rosa que recuerde tu paso. / Cómo serán las manos que toquen tu ceniza? / Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.”

Y de Asturias son estas líneas de su citado poema: “Parpadeo de estrellas derretidos. / Escucha el resollar de sus soldados./ El fluido resoplón de los llaneros,/ que más parece que en sus lanzas/ llevaran las narices. Los andinos / del aliento mordido entre los dientes.”

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