En el corazón del Centro Histórico de Lima, la Basílica Menor Nuestra Señora de la Merced resguarda una historia que ha trascendido los siglos. Se trata del padre Pedro Urraca, un sacerdote del siglo XVII conocido por sus milagros y su labor en favor de los más necesitados.
Según la tradición, una cruz ubicada en la iglesia tuvo un papel fundamental en su vida y se convirtió en símbolo de protección y fe para muchas personas. Sus restos descansan en este templo, que recibe a miles de visitantes cada año.
Sin embargo, la basílica enfrenta una grave crisis estructural. Techos con agujeros, columnas deterioradas y escaleras agrietadas evidencian el deterioro de esta joya colonial. Ante esta situación, el congresista Alejandro Soto Reyes, vocero de Alianza Para el Progreso, visitó el lugar para constatar su estado y escuchar al padre Dionisio Ciriaco Silva Amézquita, quien guio el recorrido.
A pesar de su riqueza histórica y espiritual, el templo requiere una restauración urgente. Más allá de su valor arquitectónico, sigue siendo un refugio de fe donde la historia del padre Urraca y su cruz continúan inspirando a los fieles.