Los relatos que solemos escuchar en las voces de nuestros antepasados están cargados de simbolismos e imaginarios en los que la fantasía se hace presente. Las historias que se han forjado en los pueblos y que encuentran en la oralidad su mejor vehículo muchas veces sirven para explicar el origen de un lugar; la génesis de un hábito, un sentimiento o una emoción. Más allá de las significativas diferencias conceptuales, los mitos y las leyendas son —al fin y al cabo— narrativas que los pueblos usan para explicar de manera colectiva algo que los sorprende y caracteriza. Desde mi perspectiva, considero que Teodoro Bernabé con su serie MITORAL es quien mejor ha trabajado la cuentística de los mitos y las leyendas en La Libertad.
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Bernabé ha logrado que la oralidad se eternice en las páginas de sus libros y que cada uno de sus MITORALES se revista del trabajo literario.
Los mitos y las leyendas que Teodoro Bernabé trabaja en su MITORAL I son narrativas que los pueblos usan para explicar de manera colectiva algo que los sorprende, los caracteriza y, sobre todo, acrecienta la nostalgia por el pasado. Por ejemplo, en el inicio del cuento “El Bolsillo del Diablo” se describe cómo era Virú viejo: “Virú, viejo, era pura quincha; allí no había otra cosa que no fuera caña brava. Algunas casas de caña brava estaban embarradas y otras no, así que podía mirarse hasta el pensamiento de la gente”. Además de contar una historia que se relaciona con un espacio geográfico, en el fragmento anterior se visualiza claramente un tiempo y un modo de vida.
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La trascendencia de las narrativas
Los pueblos también construyen sus relatos para entenderse a sí mismos; por eso, muchas historias suelen explorar el miedo de cada uno de sus habitantes. Por ejemplo, Teodoro Bernabé presenta en su MITORAL I la historia de “La llorona del desaguadero”; en este cuento el miedo a lo desconocido y la aparición de espectros y seres fantasmales es una constante: “Mucha gente la había visto y oído, y todos aseguraban que la tal llorona salía a eso de las tres de la mañana y que ya llevaba en su cuenta haber asustado a mucha gente por ese bendito callejón”. El relato de la llorona también sirve como mecanismo aleccionador en el que se advierte sobre los peligros de andar solo y borrachos durante las peligrosas madrugadas. Esta última premisa también se cumple en el cuento “El castigo del Domingo de Ramos”, uno de los mejores cuentos del libro. En este texto podemos inferir que la tradición oral sirve para moldear el comportamiento de uno de los personajes que se muestra reacio sobre las costumbres y las exigencias religiosas; Emilio Escobedo es un ateo que reniega de las festividades religiosas y que desea laborar en Domingo de Ramos, sin importarle que esa fecha es significativa porque se debe guardar respeto al señor Jesucristo. Al final, ni los propios toros lo hacen desistir de su vocación al trabajo; decisión que terminará lamentando.
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Las narrativas de Virú
Uno de los mayores méritos de MITORAL I tiene que ver con la representación cultural de la ciudad de Virú. Virú no es solo una localidad peruana ubicada en el departamento de La Libertad, es el espacio geográfico en el que convergen las tradiciones y las costumbres de un pueblo luchador y festivo que en su idiosincrasia ama la tierra y hace de sus manifestaciones religiosas la causa suficiente para que la fiesta comience: “Así le digo. Muy borrachos éramos los viruñeros, mucho tomábamos, y la plata no nos hacía falta; para qué la queríamos si de ella no vivíamos (…). En esto ni podemos mentir, pues antes la fiesta no era fiesta si no había música, si no había cajón; parecía más bien velorio y casas donde reinaba la tristeza”. Gracias a MITORAL I conocemos al Virú de todos los tiempos y entendemos cómo los pueblos se forjan a través de las edades y las narraciones.
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Teodoro Bernabé ha hecho un trabajo muy valioso, pues en muchos años ha logrado recopilar un sinnúmero de mitos y leyendas que habitaban en la oralidad y que esperaban encontrar el descanso de las palabras.
Teodoro Bernabé ha hecho un trabajo muy valioso que quizás ni él mismo se ha dado cuenta, pero que ya la crítica de Saniel Lozano, Cronwell Jara, Bethoven Medina, Alberto Alarcón y Carlos Pérez Urrutia comienzan a resaltar; en palabras de Ricardo González Vigil, con MITORAL se logra que “la voz colectiva de Virú, sus creencias y costumbres se mantengan vivas en cada línea de intensidad narrativa”.