Menores deben acudir al médico antes de ir al colegio. Foto: GEC.
Menores deben acudir al médico antes de ir al colegio. Foto: GEC.

Dorian tiene siete años y en el consultorio de Oftalmología Pediátrica del hospital Honorio Delgado Espinoza, la especialista que lo evalúa lo desafía con la cartilla de Snellen, que es una tabla con letras de diferentes tamaños, utilizada para medir la agudeza y nitidez visual. El niño mira la tabilla ubicada a cierta distancia y no logra descifrarla, no hay una respuesta acertada de lo que ve y es probable que sufra de miopía. El problema que  afecta a Dorian se está volviendo cada vez más común entre los niños y se ha incrementado durante los últimos años por el cambio en el estilo de vida de los menores.

La miopía es una condición refractaria del ojo que no mira de lejos. El ojo es más largo de lo normal de adelante hacia atrás y la córnea es demasiado curva. Esto provoca que la luz y la imagen se enfoquen frente a la retina, haciendo que las cosas que estén lejos se vean borrosas. El astigmatismo y la hipermetropía son también otras condiciones refractarias del ojo que han ido en aumento.

Olenka Mercado Cornejo, oftalmóloga pediatra del hospital Honorio Delgado, sostiene que esta condición se ha incrementado a partir de lo vivido durante la pandemia de la COVID-19. El encierro y el uso continuo de los dispositivos electrónicos como celulares, tablets, laptops y computadoras con los que los menores desarrollaban sus actividades académicas en casa y se distraían ante la imposibilidad de salir a espacios públicos, son los factores que han acelerado, a temprana edad, el desarrollo de la miopía.

A diario, en el consultorio de Oftalmología Pediátrica del hospital regional se atiende un promedio de 15 pacientes y hasta antes de la pandemia a 3 de cada 10 menores se les diagnosticaba el defecto en la visión, ahora son siete de cada diez. El problema se ha agravado pues, además, en la prepandemia solía detectarse a partir de los 8 años y hoy en día se presenta en niños desde los cuatro años.

La abuela de Dorian refiere que en su primera infancia, es decir, antes de cumplir los cinco años, su madre solía distraerlo con un celular o lo hacía ver televisión muy de cerca para hacer sus actividades cotidianas en casa. “Yo lo he alejado de eso porque está afectando mucho a mi nieto”, dice preocupada la abuela del menor mientras espera las indicaciones de la especialista para el tratamiento a seguir.

“El brillo de las pantallas y el esfuerzo visual que hace el ojo todo el tiempo para acomodarse provoca que el problema se exacerbe”, remarcó la especialista tras señalar que los padres deben apartar a sus hijos de las pantallas y motivarlos a practicar juegos lúdicos y otras actividades en espacios amplios y con luz natural.

Agregó que investigaciones recientes sugieren que pasar tiempo al aire libre puede ser clave para una buena salud ocular.

¿Cómo identificarla?

La oftalmóloga sostuvo que si los pequeños de casa se frotan los ojos continuamente, la vista se les pone roja, parpadean ante la luz, sufren dolores de cabeza porque tienen fatiga visual o empieza adoptar distintas posiciones para forzar la vista y enfocar la visión ante las pantallas, son indicios de que la miopía está presente. Este padecer afecta el rendimiento de los menores en la etapa escolar

Además de adquirirse, la miopía también puede ser congénita. Si el padre o la madre es corto de vista, el hijo tiene 25 % de posibilidades de serlo también y si ambos lo son, la probabilidad se incrementa hasta un 50 %. Por ello, recalcó que es esencial que los padres de familia lleven a sus hijos a los tres años, antes de la etapa escolar, con el especialista para un chequeo de su vista.

Aunque la miopía no se puede revertir, el objetivo es tratarlo para evitar que empeore, por ello es necesario el uso de lentes adecuados y de acuerdo a la medida correcta que necesita, la  evaluación debe ser realizada por un oftalmólogo y no en tiendas en las que se venden las gafas. Muchos padres consideran que tan solo usando lentes el problema se soluciona, pero no es correcto. Las evaluaciones deben ser periódicas, una o dos veces al año y seguir con las recomendaciones del médico.

La miopía, que no es tratada, con el tiempo empeora, provocando que cada vez el niño mire menos y el ojo crezca, generando el riesgo de que la retina se desprenda. Muchas personas, a temprana edad, tienen desprendimiento de la retina y esto limita su desarrollo personal. Otro aspecto a tomar en cuenta es el desarrollo del estrabismo, que es la desviación del ojo hacia adentro o hacia afuera al no poder ver. “Este problema se puede solucionar con una operación para corregir la dirección del ojo, pero solo será una cuestión meramente estética, no hay nada que pueda hacer que ese ojo no tratado vuelva a ver”, apuntó la oftalmóloga.

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