Hasta hace algunos años, las organizaciones criminales en Trujillo se limitaban a disparar contra las casas de sus víctimas o dejar una carta con balas como advertencia para forzar el pago de cupos. Hoy usan dinamita y cargas explosivas completas en zonas urbanas. Según fuentes policiales, las bandas de extorsionadores usan al mes de 50 a 100 cartuchos de dinamita.
El vacío legal
El ataque de la semana pasada en la avenida Santa (Trujillo), donde una carga voló una vivienda y dañó más de 200 inmuebles y negocios, muestra que las mafias tienen alianzas con otras actividades ilícitas, lo que les da acceso directo a material explosivo.
¿De dónde obtienen los explosivos? De acuerdo con las fuentes policiales y de la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (Sucamec), los consiguen de la minería ilegal, esa que se ha camuflado con la etiqueta de “en proceso de formalización”.
Los mineros inscritos en el Registro Integral de Formalización Minera (Reinfo) compran explosivos sin ninguna fiscalización, para luego venderla en el mercado negro. Si bien son adquiridos legalmente, ya que el REINFO se los permite, son desviados hacia las organizaciones criminales. Un cartucho de dinamita se vende a 10 soles en el “mercado muerto”. No es casualidad que cada semana sean detenidos 5 o 7 delincuentes con artefactos de este tipo.
Un cambio hace cinco años a la Ley que regula el uso civil de armas de fuego, municiones y explosivos agravó el problema. Antes, se obligaba a un policía en actividad a custodiar cada embarque de dinamita adquirido por mineras, desde la compra hasta su traslado a la zona de exploración y explotación. Toda compra y traslado tenía guías de remisión verificada.
Hoy la situación cambió. No es necesaria la presencia de un policía, basta con vigilancia privada que no rinde cuentas a la autoridad. El control del traslado se redujo a un trámite burocrático sin garantías de seguridad.
“Destruyen rocas”
El exintegrante de la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) de la Policía, Ángel Santoyo Puicón, calcula que el 5 % de la dinamita adquirida por los mineros en vías de formalización en un mes termina en manos de las organizaciones criminales. “De 1000 cartuchos adquiridos, unos 50 van a parar a la extorsión. No hay control”, refirió el exagente, quien en la década de los 80 y 90 luchó contra el terrorismo.
Para Santoyo Puicón, las consecuencias son destructivas y podrían agravarse. Según su experiencia, en el ataque de la semana pasada usaron de 15 a 20 cartuchos de dinamita de 5 mil de emulsión. “Con todos sus componentes, es decir con su detonador y mecha. Un explosivo muy potente que se usa para destruir rocas en los cerros en la minería ilegal e informal en Pataz. De allí la destrucción que ha causado en las viviendas y alrededores”, explicó el experto.
En Trujillo, según Santoyo Puicón, sólo hay cuatro especialistas en desactivación de explosivos. “Éramos cinco, pero pasé al retiro. Ahora solo son cuatro que deben atender emergencias en la desactivación de explosivos en toda La Libertad”, comentó.
Greco Quiroz Díaz, abogado penalista y exconsejero regional de La Libertad, tiene estimaciones más preocupantes. “Hay una ganancia extrema que explica por qué más del 50 % de la dinamita que se compra de forma legal termina desviada hacia actividades ilícitas. Cada dinamita cuesta entre 20 a 50 soles”, advierte.
Cabe señalar que el panorama no es distinto en la región Ica. En mayo del 2025, en Nasca, personal policial logró la detención de cuatro personas implicadas en actividades de minería ilegal en la zona de Lajas, distrito de El Ingenio (Nasca), tras recibir una denuncia anónima que advertía sobre disparos de arma de fuego en el lugar.
En respuesta, se ejecutó un operativo conjunto, logrando ubicar un campamento minero informal instalado en una quebrada. Durante la intervención, se halló material explosivo abandonado en el suelo, incluyendo 68 cartuchos de municiones, 92 metros de guía para explosivos, 20 fulminantes almacenados en una caja y 40 cartuchos armados y correctamente conectados, listos para su uso, lo que evidenciaba un alto riesgo para la seguridad en la zona.

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