En las afueras de la zona urbana del distrito de Reque, en la región Lambayeque, un moderno edificio de concreto se levanta sobre un terreno que todavía no está preparado para recibirlo.
Se trata del nuevo centro de salud del distrito, una obra superior a los S/ 69 millones que promete mejorar la atención sanitaria de miles de habitantes, pero que avanza entre dudas, adicionales presupuestales y una falla estructural difícil de justificar: el área no cuenta con agua potable ni alcantarillado.

Abandono
Correo llegó hasta el lugar y comprobó que, pese al avance físico del proyecto, no existe ninguna conexión instalada ni redes cercanas disponibles. La Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque (Epsel) advirtió que el punto de empalme más próximo está a una distancia considerable.
“Extender la red es posible, pero costoso y lento. La distancia implica nuevas obras y aumenta el riesgo de retrasos en la operatividad del establecimiento”, señalaron fuentes confiables a este diario.
La construcción inició en febrero de 2022 bajo la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios —hoy Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN)—, que mantiene actualmente la responsabilidad de culminarla. A ello se suma otro problema: el deterioro visible en parte de la estructura. Todo indica que el proyecto aún depende de resolver lo que debió preverse desde la fase de diseño: la ausencia total de servicios básicos en el terreno escogido.
“Los fierros se están oxidando, las paredes se descascaran y el piso se está rajando. La obra está paralizada y todo depende de quién asumirá el costo del desagüe. Se podría instalar una cámara de bombeo o elevar la red, pero nada se define”, afirmó Uzziel de Vega Tirado, presidente del Frente de Defensa de Reque.
El dirigente recordó que el centro de salud beneficiaría además a los distritos de Cayaltí, Mocupe, Lagunas, Zaña y a los numerosos asentamientos humanos de la zona.
Dentro del edificio surge otra paradoja: equipos médicos nuevos, mobiliario e incluso vehículos permanecen almacenados o instalados desde hace uno o dos años sin haber sido utilizados. Correo constató que dos vigilantes custodian los ambientes donde se guardan los equipamientos, pese a que aún no existe una fecha definitiva de inauguración.

La Oficina de Control Institucional de la ANIN alertó en marzo que parte de estos bienes ya presenta polvo acumulado y signos de deterioro leve, mientras las garantías continúan corriendo sin que hayan entrado en funcionamiento.
Bartolo Ramos Núñez, dirigente de la ampliación Villa El Sol, sostuvo que la obra evidencia un problema recurrente en la región: grandes proyectos ejecutados sin planificación integral. Cuestionó especialmente la elaboración del expediente técnico.





