(Fotos: Bizarro/Arianna Balta)
(Fotos: Bizarro/Arianna Balta)

Costa 21 se convirtió en el epicentro de la música urbana el pasado 23 de agosto con la presencia de Duki, quien volvió a demostrar por qué es el referente indiscutido del trap argentino. Más de 8 mil personas lo acompañaron en un show que superó todas las expectativas.

La noche se transformó en una experiencia audiovisual de gran impacto, donde Mauro Lombardo Quiroga presentó su cuarto álbum titulado “Ameri” en nuestra capital.

A las 9:15 p.m., el trapero salió al escenario y la audiencia quedó atrapada por su energía cuando inició con los temas “Leitmotiv”, “Nueva era”, “Imperio”, “Cine” y “Constelación”.

Luego de “Barro” y “Ameri”, el artista pide que auxilien a un asistente, quien fue retirado en una silla de ruedas.

El show continúa con “Type Beat 5202″, “Rockstar”, “Rockstar 2.0”. Desde las pantallas se transmitían los planos en vivo y hasta una parrilla de luces rojas colgando desde el techo formando su nuevo logo, esto contribuyó a una narrativa visual pensada al detalle.

Es ese lugar al que todos aspiramos llegar. Un sueño, una meta, una búsqueda de superación”, mencionó Duki tiempo atrás a través de sus redes sociales, explicando el significado de “Ameri”. El público se entregó al viaje, sumergiéndose en una atmósfera de coros y energía colectiva.

Después de presentar sus nuevos temas, el argentino entonó los hits que han definido su carrera. Con “Goteo”, el público explotó y las luces, junto al fuego, intensificaron la carga emocional de cada canción. Fue uno de los momentos más explosivos de la noche. Otras dos personas salen de entre la multitud en silla de ruedas.

Quiero cantar contigo Givenchy”, le pidió un niño en una pancarta que sostenía con sus manos. El artista aceptó que subiera al escenario para que cantara junto a él uno de los temas más esperados de la velada y al finalizar le regaló su chaleco.

La última parte del concierto llegó con “Malbec”, “She Don’t Give” y “Hello Cotto”. Duki demostró que su música se ha transformado en himnos que la gente lleva en el cuerpo. Y esa, tal vez, es su mayor virtud: mantener viva la conexión emocional sin sacrificar su ambición artística.

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