Volver al colegio tras las vacaciones puede ser un reto emocional para muchos niños y adolescentes. La transición del descanso a la rutina académica puede provocar ansiedad, estrés o incluso rechazo. Ante esto, Javier Rojas Vásquez, coordinador de Bienestar Educativo del Colegio de La Inmaculada, ofrece recomendaciones para que padres y docentes reconozcan y aborden las dificultades de adaptación escolar.
“Es necesario reconocer las señales de malestar emocional para actuar a tiempo, especialmente durante las primeras semanas de clases”, indica el especialista.
Señales de alerta
Rojas explica que algunos síntomas comunes son:
- Evasión de temas relacionados con el colegio
- Malestar físico (dolores de cabeza, sudoración)
- Cambios de comportamiento, como aislamiento o falta de interés
- Rechazo a asistir a clases o realizar tareas
Estos indicadores, según el experto, deben ser comunicados al colegio para trabajar de forma conjunta y brindar apoyo oportuno al estudiante.
¿Emocional o neurológico?
No todas las dificultades de adaptación están vinculadas a lo emocional. Algunas pueden deberse a problemas sensoriales o neurológicos. Por eso, Rojas recomienda una evaluación médica para descartar alteraciones visuales, auditivas o trastornos como el TDA (Trastorno por Déficit de Atención).
Una estrategia efectiva para estudiantes con dificultades de concentración es la implementación de tiempos de relajación dirigidos, los cuales pueden iniciar con sesiones de 1 a 5 minutos e ir aumentando progresivamente. Esta práctica reduce el estrés, mejora la atención y entrena al sistema nervioso para incorporar pausas saludables.
Rol de los padres y la escuela
El especialista señala que el rol de los padres es clave. Recomienda transmitir mensajes optimistas sobre el regreso a clases, destacando aspectos positivos como el reencuentro con amigos, las actividades recreativas y el aprendizaje. Frases como “te vas a encontrar con tus amigos” o “tu colegio es especial para nosotros” ayudan a cambiar la percepción del niño sobre la escuela.
Asimismo, las instituciones educativas deben priorizar la integración emocional en las primeras semanas del año escolar. En el Colegio de La Inmaculada, por ejemplo, se aplican horarios progresivos, dinámicas grupales y encuentros con tutores para facilitar una transición saludable. La observación constante del comportamiento de los estudiantes permite detectar posibles dificultades de adaptación a tiempo.
“El regreso a clases no tiene que ser un proceso doloroso. Con el acompañamiento adecuado, los niños pueden iniciar el año con una actitud positiva y las herramientas necesarias para tener éxito”, concluye Rojas Vásquez.