Nuestra Constitución Política dispone –como deber del Estado– defender la soberanía nacional; que toda persona, natural o jurídica está obligada a participar en la Defensa Nacional, y también que todos los peruanos tenemos el deber de respetar, cumplir y defender la Constitución y el ordenamiento jurídico de la Nación.
Pese a estos preceptos elementales, nuestra historia tiene episodios oscuros y traiciones. Así, durante 5 años estuvo oculto el Tratado Salomón-Lozano –con la pérdida de 110 mil Km2– quedando “definitiva e irrevocablemente terminadas todas y cada una de las diferencias por causa de los límites entre el Perú y Colombia”, por lo que la recurrente separación de la isla Chinería no puede alterar lo acordado, más aún cuando el distrito de Santa Rosa de Loreto ha estado habitado por ciudadanos y autoridades peruanas desde 1970.
En defensa del Perú, las FFAA y PNP combatieron a Sendero Luminoso y al MRTA; y –con la entrega y sacrificio de sus vidas– pudimos superar la violencia para impulsar la paz que logramos. Es claro que la guerra contra los malos peruanos tuvo algunos excesos que han merecido penas, pero también hubo sostenidos aprovechamientos –que lindan con la felonía– como la emisión de 29 resoluciones que conmutaron penas y liberaron, incluso a condenados por traición a la Patria, con el aval de convenidos “defensores de los derechos humanos” que reciben fondos del extranjero.
Conmemoremos el Día de la Defensa Nacional siendo soberanos. ¡Salvaguardemos nuestra integridad territorial y nuestras leyes! Si en 2001, el gobernante favoreció a sentenciados por terrorismo y cedió soberanía ante la CIDH –ahora– transcurridos 24 años de juicios inacabables, es inaceptable doblar la cerviz.