Un día como hoy, el 16 de octubre de 1943, fue cerrado el campo de concentración y exterminio nazi, de Sobibor, ubicado en Lublin, Polonia. Habiendo sido creado en 1942, registró al año siguiente, la más grandes huida de judíos soviéticos durante toda la Segunda Guerra Mundial, el 14 de octubre de ese año, apenas dos días antes de ser clausurado por esa única razón. Hasta este macabro lugar fueron transportados en trenes, y los judíos sin suerte porque terminaron en las cámaras de gas antes del plan para la huida, fueron muchos.

Como sabemos, al final de la guerra con la gran liberación de otros campos de concentración como el de Auschwitz, también en Polonia, donde murieron unos 2.5 millones de judíos, llegaron a contarse cerca de 6 millones los que fueron exterminados durante la conflagración (1939-1945). Por su impacto de escapatoria, la película británica “Escape de Sobibor”, dirigida por Jack Gold en 1987 y producida por Konstantín Jabenski, dio cuenta, entonces, de una de las huidas más sentidas por salvar la vida, que haya quedado registrado en el imaginario de la comunidad internacional. Hay que reconocer que gran parte de los procesos de liberación, al final de la guerra, fueron obra del ejército soviético, evitando más de las terroríficas narraciones que se pueda haber conocido en la historia de la humanidad. En Israel pude conocer el Museo de la Historia del Holocausto donde solamente al ingresar el silencio se vuelve una exigencia para tributar respeto a la memoria de las víctimas, quedando el infausto registro de uno de los episodios más siniestros en el decurso de la existencia de la especie humana.

Pero Sobibor como Auschwitz, también en Polonia, y otros campos de exterminio, se debieron al enceguecido nacionalismo de esa época liderado por el nazismo (A. Hitler) y el fascismo (B. Mussolini). Al final de la guerra, por este impacto ciclópeo, la sociedad internacional exigía que no podía quedar impune el holocausto como otros vejámenes llevados adelante por la Alemania nazi. Sobrevendría, entonces, los denominados juicios de Nuremberg por propia iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas que en 1946 condenó a doce de los criminales nazis, a la pena de muerte. Uno de ellos no fue ejecutado por suicidarse en la víspera.