No hay duda que el Congreso unicameral que ayer terminó funciones fue en líneas generales un desastre con gente acusada de “mochasueldos”, “niños”, vendidos, ignorantes, populistas, irresponsables, fiesteros, viajeros, arregladores, y que tuvo hasta un violador y un terrorista ya condenados. Sin embargo, en un acto de justicia hay que reconocerle el papel que jugó el 7 de diciembre de 2022, cuando Pedro Castillo intentó patear la Constitución para convertirse en dictador.

Sí, ese Parlamento que tanto hemos criticado y con justísima razón, es el que mismo que bajo la presidencia del general José Williams se plantó ante el último golpista de nuestra historia y el que con su reacción, evitó que se consume el quiebre del cauce constitucional por acción de un sujeto que trató de asumir poderes absolutos, sin separación de poderes, y proceder incluso con detenciones arbitrarias. En otras palabras, lo que Castillo pretendió hacer fue imponernos una dictadura eterna.

Incluso algunos legisladores de la izquierda cavernaria y normalmente antidemocrática y apañadora de dictaduras extranjeras, criticaron el golpe y votaron por la vacancia del cobarde golpista que fue arrestado en flagrancia mientras escapaba a esconderse en la Embajada de México. Claro, luego varios de ellos, quizá por cálculo electoral, repitieron como loros la narrativa de que Castillo había sido una víctima de la “derecha”, de “los poderosos” y quizá hasta del ratón Mickey enviado por el “imperialismo yanqui”.

Junto al Congreso, jugaron un rol vital en defensa de la democracia las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, así como todas las instituciones del sistema de justicia como el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional y la Junta Nacional de Justicia, que estuvieron a punto de ser “intervenidas” por el golpista que ya era un investigado por graves actos de corrupción, por los que tendrá que responder y recibir la sentencia que la corresponda de acuerdo al Código Penal.

De no haber sido por las instituciones que respetaron la vigencia de la Constitución y el sistema democrático, quizá hoy continuaríamos viendo en el poder usurpado y haciendo lo que les dé la gana a gente de espanto como Castillo, Betssy Chávez y Aníbal Torres, cabecilla y “cerebros” del golpe, respectivamente, quienes por la magnitud de lo hecho deberían cumplir con sus respectivas condenas hasta el último día, sin indultos, acomodos, pactos, ni “apoyos” extranjeros de por medio.

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