Históricamente, el Perú ha tenido conflictos con todos sus vecinos: tres con Colombia, tres con Ecuador, uno con Chile y tres con Bolivia, aparte de ocho guerras civiles que derivaron en doce golpes de Estado que tuvieron éxito, y doce constituciones. Con Brasil no ha habido guerras por obvias razones, pero los cambios en el cauce de ríos fronterizos podrían generar insulsas tensiones futuras, al estilo Gustavo Petro.

El país comparte fronteras con cinco naciones y posee cuatro triples fronteras, tres de ellas amazónicas, hoy convertidas en corredores de drogas, trata de personas, contrabando, tráfico de órganos, minería ilegal y migración irregular. La frontera con Bolivia sufre contrabando masivo y minería ilegal; la de Chile, aunque corta y formalizada, concentra en forma escalonada la mayor cantidad de medios militares peruanos; la de Colombia enfrenta remanentes armados y narcotráfico; la de Brasil presenta dificultades de control por su extensión; y la de Ecuador experimenta incursiones criminales pese a la calma relativa.

Frente a este panorama, el Perú debe mantener firmeza diplomática y militar, reforzar su presencia en zonas críticas como Chinería, modernizar sus Fuerzas Armadas y recuperar capacidad disuasiva, urgente en la Fuerza Aérea. Es vital desplegar el Comando especial del VRAEM al Putumayo, incorporar tecnología de vigilancia basada en drones y dotar al control de fronteras de recursos adecuados.

La FF.AA. fueron las únicas organizaciones del Estado que lograron una regionalización efectiva, así como tener presencia en las fronteras, particularmente el Ejército con las Unidades Militares de Asentamiento Rural (UMAR) que tuvieron singular éxito durante años, pero que luego fueron abandonadas a su suerte por el consabido recorte presupuestal (si solo le dieran la cuarta parte de lo que gasta el congreso, sería heroico).

Hasta ahora ningún candidato dice algo al respecto y si los dice lo olvidará con toda seguridad, como lo han hecho en los últimos años. Que este problema con Petro no termine siendo un evento episódico y que se olviden luego las políticas de desarrollo fronterizo. Esperemos que el presidente electo 2026 pase a la historia, y no a Barbadillo.

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