Por el bulevar de los sueños rotos, desconsolados van los devotos, dice la letra de Joaquín Sabina. Escucharla me hizo pensar en algo ligeramente distinto de lo que evoca. Pensé en un bulevar, en personas y en sus sueños. Pensé en los sueños de los peruanos.
Creo que todos anhelamos lo mismo: tranquilidad. Pero ¿qué significa realmente tranquilidad en una ciudad donde la calle parece una selva de cemento? Significa seguridad, servicios públicos eficientes y oportunidades de desarrollo.
En ese contexto, algunos colegas cuestionaron la viabilidad de las prioridades anunciadas por el actual gobierno: una red integral de metros para Lima y Callao, sistemas ferroviarios para Trujillo, Piura y Arequipa, la Nueva Carretera Central y las vías complementarias al puerto de Chancay, entre otras inversiones.
Las críticas sostienen que esas metas son incompatibles con nuestra capacidad fiscal, como si esta fuera una variable exógena, ajena a las decisiones del propio Estado y no el resultado del modelo de gestión vigente. Ceteris paribus (sin cambios), mis colegas economistas tienen razón.
Sin embargo, la pregunta relevante es otra: ¿qué modelos no debemos mantener constantes? ¿Cuánto gasto corriente puede racionalizarse para liberar recursos hacia infraestructura estratégica? ¿Por qué no fijar una hoja de ruta regional que priorice proyectos productivos financiados mediante Obras por Impuestos?
El desafío no consiste únicamente en gastar más, sino en gastar mejor, con prioridades claras, disciplina institucional y capacidad para ejecutar oportunamente. Ese es el debate que verdaderamente debemos abrir. En las siguientes columnas continuaremos una conversación sobre las reformas indispensables dejar atrás ese bulevar.




