La suspensión de Harvey Colchado en la jefatura de la Diviac ha abierto un nuevo frente de disputas entre sectores que arrastran una cadena de posiciones polarizantes y hasta cierto punto dogmáticas. No es difícil, no obstante, llegar a la conclusión de que el desmedido personaje ha cometido una serie de excesos. Los que reclaman por la salida eventual de Colchado saben perfectamente que tiene una función persecutora de determinados intereses y que, bajo la figura de los delitos de alta complejidad, se ha convertido en el cabecilla de una policía política que atiza, orienta y prioriza las investigaciones policiales contra quienes considera sus enemigos, que son aquellos a los que también detesta y combate la progresía enquistada en casi todos los sectores del país y que encontró en Colchado a su más digno representante en la Policía. Es es el mismo sector que considera intocable a la JNJ a pesar de su clara transgresión a la Constitución con la permanencia de Luz Inés Tello y que escuchan las imputaciones de Jaime Villanueva por el oído que le conviene:

La oreja izquierda que apunta a Patricia Benavides pero no la derecha que ha revelado la sanguaza de las componendas perniciosas de Rafael Vela Barba, José Domingo Perez y Pablo Sánchez. La camarilla de siempre, que no quiere que toquen a sus fiscales intocables, a sus periodistas intocables (léase Gustavo Gorriti) y no quiere tampoco que se toquen a sus policías intocables salen ahora con su artillería pesada a tratar de imponerse, como lo hacen siempre, con sus bastiones en el Poder Judicial o la CIDH, pues claramente han perdido el TC. No hay que ser un prohombre ni creerse supermán como se cree Colchado para realizar una labor técnica y competente, sin odios ni enemistades, en pos de una lucha necesaria. No hay que celebrar furibundos combazos de puerta golpeando la madrugada. Colchado está bien echado, le duela a quien le duela.

TAGS RELACIONADOS