El lunes último la llamada Comisión de Ética del Congreso ha dado nuevamente vergüenza al quedarse sin el mínimo de asistencia requerida para poder sesionar, en momentos en que hace falta aplicar mano dura y dar un mensaje a la ciudadanía de que no habrá impunidad ante el accionar de la manga de sinvergüenzas que operan desde la Plaza Bolívar, donde pululan los “mochasueldos” y los “niños” como Darwin Espinoza, de Acción Popular, quien esta vez no ha perdonado ni el ciento de hojas Bond que compra el Parlamento para el trabajo cotidiano.

Para nadie es un secreto que ese grupo de trabajo sirve de poco o nada. Salvo una que otra vez, ha hecho el trabajo que tiene que hacer. Sin embargo, ha podido dar mayores resultados ante la calaña de los personajes que tiene por delante. El lunes, con una coyuntura caliente por la denuncia contra Espinoza, se esperaba que el caso sea incluido en la agenda de la comisión, pero solo asistieron ocho de los nueve que se requerían como mínimo para sesionar y avanzar. ¿Complicidad? ¿Otorongo no come otorongo?

Pero no solo se iba a analizar el nuevo escándalo de este “niño”, sino el de otros impresentables como los tristes y célebres “mochasueldos”. En agenda estaba el caso del castillista Edgar Tello (Bloque Magisterial), al que para colmo se pretende sancionar con solo 60 días multa pese a la gravedad de la denuncia, también el de Raúl Doroteo (Acción Popular) y el de Katy Ugarte (no agrupada). Sin embargo, no hubo reunión y todo quedó en el aire. Hoy tratarán de volver a sesionar y queda estar atentos.

En un Congreso como el nuestro, tan plagado de gente que jamás debió ser elegida, la Comisión de Ética debería de ser un guardián de rectitud. El caso “mochasueldos” era una oportunidad para que el grupo de trabajo se luzca y haga un deslinde con el delito y la sinvergüencería. Pero todos los “recursos” y las tinterilladas de último minuto jugaron para que las sanciones queden en multas y llamados de atención que en la práctica son una burla a los peruanos que cada vez que pueden exigen el cierre del Congreso, aunque esto sea un absurdo para la ley y la democracia.

Ahora que ha sido aprobada la reelección congresal a través de la creación de la Cámara de Senadores, no nos sorprendamos de ver a varios los actuales legisladores cometiendo delitos y actos reñidos con le ética con el único propósito de asegurar los votos que necesitan para no volver al anonimato de donde jamás, por el bien del Perú, debieron salir. Situaciones como las del “niño” Espinoza tendremos por montones. En estos casos Ética tendría que actuar, pero ya vemos que allí todo se conversa, se arregla y no pasa nada.

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