Hace una semana escribía esta columna con la misma incertidumbre de hoy en torno al gabinete de Pedro Castillo, el presidente que parece no entender aún de qué va su cargo, el más importante del país. Y es curioso que se repita la misma sensación de desesperanza, pues a estas alturas ya poco o nada uno espera. Castillo puede cambiar de nombres en el gabinete, pero si su estilo de gobernar persiste, como se ve que ocurre, ya nada uno puede esperar.

En las últimas horas se han oído nombres que podrían estar ocupando el cargo de premier, luego del desastre ocasionado por la designación de Héctor Valer. Algunos de esos nombres podrían abrigar algún tipo de esperanza, pero esta se cae cuando vemos, por ejemplo, que Castillo lanza un comunicado en el que sigue defendiendo sobre todo a un entorno que a todas luces lo ha llevado a este despeñadero político.

Y, dicho esto, ¿quién medianamente decente podría aceptar un cargo ministerial en este momento? Y si aceptan, impondrán condiciones que difícilmente Castillo querrá y podrá aceptar. La situación, así, sigue siendo incierta y de pésimo pronóstico.

Cuando esta columna sea publicada se supone que se sabrán los nombres del premier y sus ministros. Se supone. La verdad que a esta hora cualquier cosa podemos esperar. Incluso, podríamos esperar los personajes más indecibles en este escenario cada vez más calamitoso.