Para corregir el déficit y la deuda pública de los EE.UU., el presidente Trump y su equipo de gobierno han implementado una serie de ajustes presupuestarios: recortes en agencias de salud pública y medio ambiente, eliminación de programas sociales y de asistencia internacional, y una serie de despidos en organismos de gobierno, por mencionar algunas acciones. Mientras que, para corregir los déficits comerciales que tiene EE.UU. con buena parte del mundo, Trump viene ejecutando un plan agresivo de negociaciones comerciales, aranceles diferenciados y políticas de promoción de la industria nacional. El 2 de abril, el “Día de la Liberación”, se impusieron aranceles “recíprocos”, algunos que superaban el 50%, 60% y 70%. A los siete días, se aplicó una suspensión por 90 días, estableciendo un arancel universal del 10%, exceptuando a China. Con el fin de la prórroga para negociar rebajas, entre el 1 y el 7 de agosto entrarían en vigor nuevos aranceles: un arancel del 15% para países con los que EE.UU. registra balanza comercial negativa; uno del 10% para países con balanza comercial positiva, como el Perú; penalizaciones a países como Brasil (50%) e India (25%); China y EE.UU. acordaron rebajas mutuas, a 10% el primero y a 30% el segundo; Vietnam, 20%; entre otros. Se mantiene la exclusión de México del pago de aranceles para productos negociados bajo el T-MEC, por lo que nuestras agroexportaciones estarían en desventaja. Aunque solo en paltas, porque en arándanos y uvas llegamos a contraestación. Este es un breve recuento. Y, en este escenario, tenemos que acelerar acciones para mejorar nuestra competitividad. Es la única forma.

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