”Hay que cambiar el problema de raíz y cambiar el gobierno de nuestro país”, cantaba el grupo mexicano Molotov en el “Festival Vivo X Rock” realizado el último fin de semana en Lima. En ese instante los asistentes al concierto comenzaron a gritar “Fuera Dina”. El tema “Gimme tha power” resonaba y la reacción de la gente fue contra el Gobierno, algo que sucede muy a menudo por estos días en todo el país. No en vano, las encuestas siguen sepultando a la presidenta de la República. La última del Institutos de Estudios Peruanos (IEP) solo confirma que 9 de cada 10 peruanos la desaprueba.
Pero en esta caída, Dina Boluarte no está sola, la acompaña el Congreso, que solo es aprobado por el 2% de los ciudadanos. Y este repudio recae también en los líderes de los partidos políticos que sostienen a la mandataria en el Parlamento. Por ejemplo César Acuña y Keiko Fujimori. A propósito la lideresa del fujimorismo fue insultada y abucheada hace poco en la Plaza Mayor del Cusco. “Fuera rata de m...”, le gritaron.
Es evidente que el divorcio entre la gente y los que gobiernan el país (Ejecutivo y Legislativo) está en su punto límite. La indignación y los reclamos son tan claros y contundentes que no oírlos y no dar respuestas inmediatos sería suicida. Y no solo estamos hablando que sería perjudicial para los gobernantes sino para la democracia. Y un sistema demiocrático en peligro solo puede generar problemas mayores.
Hoy el principal problema para los peruanos es la inseguridad ciudadana. Lo grave es que la delincuencia no solo está en las calles sino también se ha infiltrado en las instituciones del Estado, llegando a paralizarlo. Por ello le cuesta cumplir su tarea de luchar contra la criminalidad.