El expresidente Pedro Castillo insistió ayer en hacer su show durante el segundo día del juicio oral al que es sometido, con la evidente intención de victimizarse, dilatar, patear el tablero y al final cuestionar la legitimidad del proceso hasta el momento impecable, al que está siendo sometido por su intento público e irrefutable de destruir el Estado de derecho y el orden constitucional en complicidad con una camarilla que también tendrá que responder ante la justicia por los delitos imputados por el Ministerio Público.
No es la primera vez que el golpista pretende entorpecer el caso. Lo ha hecho a través de múltiples recursos legales que han buscado su libertad, anular el proceso y hasta devolverlo a la Presidencia de la República, ninguno de los cuales le ha dado resultado. Hoy está tratando de que el juicio oral no se lleve a cabo, incluso con la “amenaza” de retirarse de la sala, con el claro propósito de que la policía o los agentes penitenciarios lo lleven de vuelta a la fuerza, tal como dispone la ley. Busca victimizarse.
Irónico que para hacer tanto papelucheo, Castillo haya contado con decenas de abogados durante más de dos años, y que ahora diga que no tiene ninguno y que incluso rechace el concurso del defensor de oficio que le ha puesto la sala. Al menos podría llamar a Iber Maraví, su exministro vinculado a atentados terroristas en los años 80 en Ayacucho, que ha firmado los últimos recursos presentados por el golpista en su afán por bloquear el inicio del juicio oral que pese a todo ya ha sido instalado.
Lo que está haciendo el golpista es tratar de mostrar a quienes quieran creerse el cuento, de que no hay garantías para este proceso que por tratarse de un expresidente, por más que sea Castillo, llama la atención y lleva a gente como la mexicana Claudia Sheinbaum o al colombiano Gustavo Petro, a que salgan a hacer ruido y a defender a quien trató de convertirse en un dictador de izquierda a fin de convocar a una ilegal asamblea constituyente para perpetuarse en el poder.
Es de esperarse que los magistrados del Poder Judicial a cargo del juzgamiento de Castillo, se mantengan firmes y sepan controlar los arrebatos de este sujeto que sin duda está siendo asesorado por alguien, pues el expresidente es un casi iletrado que por sí solo no sería capaz ni de idear una “estrategia”, por más burda que sea, destinada a bloquear el juicio oral que sin duda acabará con una dura y ejemplarizadora condena por lo que todos los peruanos vimos el 7 de diciembre del 2022.