Las mujeres tomamos las riendas de nuestro futuro con valentía y la convicción de que podemos construir algo más grande que nosotras mismas. Buscamos generar un impacto que vaya más allá de los negocios: creando empleo, desarrollando personas, fortaleciendo las economías locales y, sobre todo, inspirando a otras a dar el primer paso.
Según PRODUCE, más de un millón de empresas peruanas son lideradas por mujeres que, con sus emprendimientos, están transformando el país. Detrás de cada una hay una historia de esfuerzo y una convicción inquebrantable de que es posible construir y trascender.
Ser emprendedora en el Perú significa aprender a ver oportunidades donde otros solo ven problemas. Pero hay algo más profundo que mueve a estas mujeres: el propósito. Lo que realmente las impulsa es el impacto de su trabajo. Esa claridad respecto al “para qué” hace que el esfuerzo tenga sentido y que, incluso en los momentos más difíciles, sigan avanzando. Un propósito que nos lleva a “dar todo nuestro espíritu emprendedor para alimentar juntas un futuro próspero”.
El liderazgo va más allá de títulos. Se trata de carácter, de visión y de la capacidad de influir con acciones concretas. Las mujeres demuestran cada día que el verdadero liderazgo se ejerce con trabajo constante y con la determinación de seguir adelante. Este 8 de marzo es un momento para reflexionar sobre lo que realmente significa impulsar el desarrollo.
Las mujeres emprendedoras estamos liderando una transformación profunda que requiere del trabajo conjunto y articulado entre todas, porque si hay algo que tenemos claro es que unidas somos más. El empuje conjunto nos hace fuertes y resilientes.
Cuando una emprendedora crece, su familia progresa y el país prospera. Porque detrás de cada negocio liderado por una mujer hay una historia de lucha, de visión y de propósito.