En el mes de julio, mes donde se acrecienta el espíritu patriótico, se exaltan las virtudes del Perú y recordamos las enormes posibilidades que tenemos de ser una patria grande y ejemplar, también recordamos con hondo pesar –como el águila que devoraba repetidamente el hígado de Prometeo en el Monte Cáucaso–, el triste estado de nuestra patria, dominada por los heraldos de la mediocridad, la corrupción moral, el galopante conformismo y la degradación institucional. No es un argumento novedoso ni ingenioso, sostener que el Congreso es una de las fuentes de los males de nuestra patria, como lo es también el deslucido y confuso obrar del gabinete ministerial bajo la dirección de la presidente, así como el desorden y confusión general que hay en las más altas esferas de la administración judicial. Los tres poderes que organizan el Estado y constituyen su eje vertebrador, son como esa multiplicación de células cancerosas que de forma descontrolada van enfermando al organismo. ¿Cómo extirpar el mal actual? Siguiendo el método de la medicina. “Para curar un organismo enfermo, primero hay que determinar las causas que conducen a la enfermedad. Determinadas las causas, se podrán proporcionar los remedios más eficaces para combatir y extirpar la enfermedad”. ¿Cuál es el principio generador de todos los males? La mediocridad. ¿Cómo se le extirpa? Con un cambio radical de mentalidad y con educación de alto nivel. Revertir la enfermedad es posible. ¡No permitamos que los heraldos de la mediocridad, devoren nuestros sueños de convertir al Perú, en una patria virtuosa, grande y ejemplar!