Keiko Fujimori llegó a Trujillo el lunes y tocó el tema del adelanto de las elecciones. Dijo que lo primero sería esperar que Pedro Castillo renuncie, pero una segunda opción es el adelanto de elecciones generales. La sola declaración ya es un avance hacia un tema que cada vez va tomando más fuerza. Es como si Fuera Popular dijera que está dispuesta a ceder su cuota de poder.

Pero quizás Keiko Fujimori piensa en el adelanto de elecciones como opción porque la situación hoy la favorece. Sí, aunque eso a muchos no les guste leer, la verdad es que la situación la favorece. Y esto porque el deterioro del gobierno de Castillo que se acrecienta e incluso el de la oposición encarnado en el rostro de Maricarmen Alva y otros miembros del Congreso apenas la raspa a ella. Fujimori no se ha manifestado estas semanas y su silencio y apartamiento juega a su favor. En medio del griterío de estos días y de los desatinos de uno u otro lado, ella sigue siendo percibida como la lideresa de la oposición, o, por lo menos, como el rostro más visible de la oposición.

Por supuesto que hay quienes creen –y este periodista también lo cree- que la presencia de Keiko Fujimori es uno de los factores que han desatado la crisis política que estamos viviendo hoy, y que se inició hace un quinquenio, aproximadamente. Castillo, en ese sentido, viene a ser una consecuencia más, acaso la más nefasta, de esa crisis. Castillo no habría existido aquí, política y electoralmente hablando, sin el factor fujimorista.

Y, pese a ello, a Keiko Fujimori nada le impide postular si, por ejemplo, el otro año se realizan elecciones generales. Es más, ella y su entorno deben estar convencidos de que en medio de esta situación tiene las chances de, por fin, llegar a Palacio de Gobierno.

Aun así, no pocos esperarían que ella tenga un acto real de desprendimiento y decida hacerse a un costado. De alguna forma eso adelantó años atrás que haría. Pero, vamos, eso es en verdad poco probable.

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