Era evidente que el cambio de nombre al programa Qali Warma, que desde fines del año pasado pasó a denominarse Wasi Mikuna en medio del escándalo de la carne de caballo y la muerte de un proveedor, no era suficiente para acabar con situaciones lamentables e indignantes como la que acabamos de ver en Piura, en que entre 80 y 100 escolares resultaron intoxicados tras ingerir alimentos en mal estado o preparados sin las debidas condiciones de higiene.
Sin duda el problema es más de fondo, y eso parece que recién lo ha entendido la ministra de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), Leslie Urteaga, quien ayer ha anunciado la desactivación de ese programa de alimentación escolar que se ha convertido en una patada a la dignidad y la salud de los niños más pobres del país que en muchos casos tienen en estas raciones a su único plato de comida del día, en vista de que sus padres no cuentan con los recursos necesarios.
Irónico que la actual gestión de gobierno haya llegado al poder agitando las banderas de la defensa y la atención de los más pobres. ¿Recuerdan a Pedro Castillo de cómo hablaba en su campaña? Y claro, para los que no quieren recordarlo, la actual jefa de Estado, Dina Boluarte, está hoy donde está porque era de la plancha del golpista, que además es acusado de llevarse bolsas con dinero y de cobrar por nombramientos en el sector público como habría sucedido, por ejemplo, en Petroperú.
Ahí tienen ahora a los niños más pobres, recibiendo carne de caballo vendida por proveedores truchos que luego aparecen muertos, mientras otros acaban en una posta médica por problemas estomacales. ¿Dónde están los controles?, ¿dónde está la supervisión?, ¿por qué antes de distribuir esos alimentos, la presidente, sus ministros y los funcionarios de este programa de alimentación no los comen públicamente para ver si efectivamente son tan sanos y saludables?
Ahora la ministra Urteaga ha sido citada al Congreso por esta situación tan lamentable, y habrá que ver qué legisladores la blindan como lo hicieron en un primer momento con su antecesor Julio Demartini, pese a que ya había salido la denuncia de la carne de caballo. Acá evidentemente han habido malos procedimientos y corrupción en la compra y supervisión de los productos. La alimentación de los niños más pobres debería ser la prioridad de cualquier gobierno, pero parece que acá es la última rueda del coche.