Un usuario de la red social X comentaba días atrás que los mismos que hace cinco años salieron a las calles, azuzados por la izquierda, a marchar para sacar de Palacio de Gobierno a Manuel Merino, a quien llamaban “dictador” pese a ser el legítimo sucesor de Martín Vizcarra; hoy están callados por más que están viendo en la Presidencia de la República a José María Balcázar, un personaje que ha llegado con un prontuario bajo el brazo que lo descalificaría hasta para ser regidor accesitario de algún balneario perdido en el mapa.
De Merino dijeron que era un usurpador, un asesino, un ladrón y el representante de un Poder Legislativo tomado por mafias, todo pese a que el legislador de Acción Popular no tenía ningún proceso abierto. Bueno, el hombre se fue y a los pocos días tomó el cargo Francisco Sagasti, quien tenía el mismo origen que su antecesor, es decir, la Presidencia del Congreso que tanto cuestionaban, pero a este último no le hicieron problema porque claro, venía del “progre” Partido Morado, hoy en proceso de desaparición.
Esos “indignados” de la llamada “generación del bicentenario” y en la izquierda en general, ahora están mudos. Parecen felices con ver en la Presidencia de la República a un hombre colocado por Vladimir Cerrón, por César Acuña, José Luna y hasta “los niños”, los que se vendieron por un plato de lentejas al gobierno del golpista y ladrón de Pedro Castillo. Reclamaron por Merino. Decían que no los representaba. ¿Se entiende, entonces, por su silencio, que Balcázar sí los representa?
Esa pregunta habría que trasladarla a las feministas oenegeras que también estaban furiosas hace cinco años tras la vacancia de Vizcarra, y por estos días andan calladas a pesar de tener a un jefe de Estado que ha ratificado, ya con la banda roja y blanca en el pecho, que las relaciones sexuales entre hombres adultos y menores de edad ayudan a la madurez emocional de las mujeres. ¿No hay ni una marchita o al menos una pancarta contra quien ha afirmado esta monstruosidad? ¿No se van a poner las zapatillas?
El doble rasero es evidente. La “indignación” selectiva está clarísima, tanto con en los tiempos de las tropelías de Castillo y compañía. Los más felices deben ser Cerrón y los políticos que han formado parte de su “frente” para llevar a Balcázar a Palacio de Gobierno, quienes han hecho lo que les ha dado la gana con los ciudadanos de a pie, todo en favor de sus intereses subalternos. Les han arrimado un presidente de terror y nadie dice nada. Son unos campeones.




