Si quiere llegar al 28 de julio del 2026 sin turbulencias políticas adicionales a las que ya vive, la presidenta Dina Boluarte debería darse cuenta que es urgente un cambio a profundidad en el gabinete, pues en lo que va del año hemos visto escándalos que han costado la cabeza a dos ministros, mientras que un tercero, el de Salud, ya camina en la cuerda floja por la evidente responsabilidad política que tiene por las cuatro muertes a causa de la aplicación de suero fisiológico en mal estado.

Primero fue necesario retirar del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) al indefendible Julio Demartini, quien pese a haber sido salvado de la censura por el Congreso, terminó chamuscado por el escándalo de los alimentos en mal estado, incluso elaborados con carne de caballo, que se entregaron a los niños beneficiarios del programa Qali Warma. Cómo lo habrá protegido la presidenta Boluarte, que luego de su salida quiso enviar al caballero al Vaticano como embajador del Perú.

Luego vinieron los líos de Juan Santiváñez en el Ministerio del Interior. Su gran problema no solo eran los pésimos resultados en la lucha contra la criminalidad traducidos en las cifras oficiales del Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef), sino también las investigaciones que tenía abiertas en el Ministerio Público. Debió irse hace tiempo, pero al igual que en el primer caso, el Congreso lo blindó solo hasta el asesinato del cantante del grupo Armonía 10. Al final, en medio de la indignación de la calle, lo censuraron.

Ahora le ha tocado el turno el ministro de Salud, el acuñista César Vásquez, quien el martes último ha tratado a toda costa de salvar su responsabilidad política en la aplicación de suero fisiológico defectuosos a un grupo de pacientes que han fallecido o se encuentran en estado grave. Incluso, con clara vocación histriónica y efectista, destituyó a una funcionaria que él había nombrado un día antes, todo en plena sesión de la Comisión de Salud del Congreso y ante las cámaras de televisión.

¿Quién viene después? ¿El ministro de Educación que ayer dio vivas al autismo y que parece ser el escudero mayor de la jefa de Estado? Para evitar estas situaciones, antes de pensar en cuestiones de confianza, urge refrescar el gabinete y armar uno sin cuotas partidarias y con gente capaz y sin antecedentes dudosos. Aunque claro, difícil que eso ocurra si tenemos una mandataria que necesita gente que la defienda por los líos en que anda metida como sus operaciones estéticas al parecer pagadas con puestos públicos y las andanzas del hermanísimo. Así estamos.