El veterano izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones en Brasil con 51,75% de los votos, cuando hasta días antes las encuestas lo daban por derrotado ante el derechista Flávio Bolsonaro, el que finalmente se llevó el 48,25% de las preferencias, por lo que el 1 de enero próximo, el antiguo dirigente sindical de la industria metalúrgica comenzará su cuarto mandato al frente del gigante de Sudamérica que tiene más de 214 millones de habitantes.
En líneas generales, la continuidad de Lula en el poder no traería mayores cambios en la política exterior de Brasilia respecto a Lima, pese a las diferencias ideológicas que puedan existir con la administración de Keiko Fujimori. Como bien dijo ayer en RPP el internacionalista Ramiro Escobar, nos necesitamos mutuamente, pues a través de su territorio nosotros ganamos una salida al Atlántico, y ellos por medio de nuestro país alcanzan el Pacífico y los mercados asiáticos, y más ahora que el puerto de Chancay está operativo.
No tengo la menor duda de que en la remontada del último tramo ha tenido que ver la monumental “patinada” de Bolsonaro al llamar a su rival “nueve dedos”, en alusión a la amputación que sufrió Lula da Silva mientras operaba un torno cuando era apenas un adolescente. El golpe bajo fue aprovechado por el reelecto gobernante para apelar al sentimiento y mostrar esas palabras desafortunadas como un insulto y una burla a “la clase trabajadora”. Un viejo zorro de la política frente a un “pulpín” mal asesorado.
Pero más allá de lo sucedido en las elecciones de Brasil y de si gusta o no el triunfo de Lula, quien se libró de caso Lava Jato por esas cosas que sólo ocurren en países como los nuestros donde la justicia es infiltrada por la política, a los peruanos debería darnos envidia de cómo a dos o tres horas de terminado el sufragio en un país inmenso con 158 millones de electores, ya se conocían los resultados oficiales, sin mayor espacio a la duda y la especulación, mientras acá no podemos ni saber quién será el próximo alcalde de Lima Metropolitana.
Es urgente que en el Perú, que en un buen número de años no habrá elecciones porque ya las tuvimos en el 2026 por partida doble, haya una reforma seria y confiable que nos permita contar con el voto electrónico, a fin de terminar con esos plazos para dar resultados oficiales que son una vergüenza en estos tiempos. No podemos seguir votando con papel y lapicero, y luego esperar uno o dos meses para saber quién gano. El Congreso debería tener esa iniciativa, que si es seria, tendría que ser respaldada por todos.




