De acuerdo a la FAO, la producción acuícola mundial aumentará en un 2.9% este año, y se espera que, como consecuencia del incremento de los precios de diferentes productos, los ingresos totales procedentes del sector pesquero y acuícola aumenten también en un 2.8% a nivel mundial. Así, en los últimos 10 años, la acuicultura ha tenido un crecimiento del 54% pasando de alrededor de 60 millones TM a 90 millones TM.

En el Perú, sin embargo, la acuicultura en 2021 sólo creció 0.5% respecto al año anterior, pese a que tiene todas las condiciones para convertirse en una potencia acuícola como lo son nuestros vecinos Chile (1° puesto) y Ecuador (3° puesto).

En efecto, a diferencia de otros países, el Perú tiene las condiciones geográficas, para el desarrollo acuícola, no solo en el mar sino también en lagunas, cochas y ríos amazónicos. Basta visitar el Parque Acuícola de Pucallpa y sus 400 estanques llenos de paiches, gamitanas y pacos o el criadero de corvinas de los pescadores artesanales en Ilo, los criaderos de trucha que existen en Cajamarca, Puno, Huancayo o de langostinos y conchas que abundan en Tumbes, Piura y Paracas.

Sin embargo, y pese a tener las condiciones para convertirnos en una potencia, como lo somos hoy en día en agroexportación, la acuicultura sigue siendo un sector que apenas sobrevive por no contar en la actualidad con un régimen promocional que le permita un adecuado desarrollo ni con reglas claras que le aseguren un marco de actuación predecible.

Por ello, urge que el Pleno del Congreso apruebe de una vez un proyecto que está en la agenda desde hace varios meses, el cual brindaría las herramientas necesarias para promover y fortalecer el desarrollo de la acuicultura sostenible en beneficio de todos los peruanos que ya están sintiendo el impacto de la crisis alimentaria por la que atraviesa nuestro país, y que afecta principalmente a los más vulnerables. Tenemos una oportunidad única, ojalá no la dejemos pasar esta vez.