Que el presupuesto público destinado a personal crezca no es una novedad. Lo viene haciendo desde hace décadas. La pregunta relevante es: ¿cuándo ese crecimiento deja de seguir su trayectoria histórica y comienza a modificar la estructura del gasto?

Miremos los datos. En 2007, el presupuesto destinado a Personal y Obligaciones Sociales ascendía a S/15.463 millones. En 2014 alcanzaba S/33.714 millones. En apenas siete años, más que se duplicó. Fue un crecimiento considerable, pero distribuido progresivamente durante varios ejercicios presupuestales.

Entre 2000 y 2023, las variaciones anuales se mantuvieron generalmente entre 5% y 18%. En 2024 esa trayectoria se rompe: el presupuesto aumenta 34,8% en un solo año, el mayor salto de toda la serie analizada. Y en 2025 vuelve a crecer, consolidando el cambio de tendencia.

El dato más revelador aparece al comparar las planillas con el presupuesto total. Durante casi veinte años representaron entre 20% y 27% del PIM. Todavía en 2023 equivalían al 23,9%. En 2024 saltaron al 30,8%; en 2025 alcanzaron 31,8% y en 2026 llegan a 33,6%.

Allí está el verdadero cambio. No estamos simplemente ante una planilla que crece. Desde 2024, el gasto en personal aumenta a una velocidad excepcional y, además, absorbe una proporción significativamente mayor de los recursos públicos.

Esto no significa que todo incremento sea injustificado. Más maestros, policías, médicos o mejores remuneraciones pueden ser necesarios. Pero semejante aceleración exige una explicación extraordinaria sobre sus causas y, especialmente, sobre sus resultados.

El problema no es tener un Estado que cueste. Es tener uno cada vez más costoso sin saber si, en la misma proporción, está funcionando mejor para los peruanos.

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