Hoy miércoles y mañana jueves, la justicia peruana puede hacer historia al condenar a dos expresidentes de la República: uno, Martín Vizcarra, por recibir coimas en sus tiempos de gobernador regional de Moquegua para dar obras a empresas corruptoras; y otro, Pedro Castillo, por ser el cabecilla de un golpe de Estado fallido con el que pretendió imponer una dictadura comunista que incluía el cierre del Congreso, el asalto total a la justicia y la convocatoria a una asamblea constituyente.

En el primer caso, pocas veces se han tenido tantas evidencias y testimonios en un proceso por corrupción como este. Están los mensajes de WhatsApp, los relatos de los colaboradores, el cruce con información bancaria, el desbalance patrimonial exhibido por el “Lagarto” y las serias contradicciones vistas en las diferentes fases. No hay mayor espacio para la duda, ni para que este sujeto diga que es un “perseguido político”, pues en todo momento ha sido tratado con escandalosos guantes de seda, a diferencia de otros.

Respecto de Castillo, todo el país vio a este patético personaje dando un golpe de Estado, con la clara intención de adueñarse del país y sus instituciones, algo que no quieren ver ciertos “demócratas” de la izquierda. Su delito fue flagrante y ante los ojos de todos. Que luego haya dicho que fue un “pronunciamiento” sin mayor efecto en la realidad parece ser una tomadura de pelo a los peruanos. Si el quiebre constitucional fracasó, fue porque nadie le hizo caso, pero la tentativa es un hecho.

Si no ocurre nada extraño, la suerte tiene que estar echada para estos dos expresidentes que han sido un fiasco, una tremenda vergüenza para los peruanos, Vizcarra por haber ocupado el cargo de jefe del Estado cuando –según la sustentada investigación del Ministerio Público– ya venía con las manos cargadas de dinero sucio; y Castillo, por destructor de la democracia, con el agravante de que lo hizo desde el mismísimo Despacho Presidencial que “el pueblo” que tanto le gusta mencionar, le encargó.

Estoy seguro que una vez que Vizcarra y Castillo sean condenados por el Poder Judicial a través de procesos que han cumplido con todos los estándares internacionales, habrá una sensación generalizada de bienestar entre los peruanos, de que quienes nos metieron la mano al bolsillo y nos quisieron imponer una tiranía eterna, por fin están pagando por el daño ocasionado, y de paso se fija un precedente para que tomen nota todos aquellos aspirantes a ladrones y golpistas, sobre cómo pueden terminar.