La criminalidad son las amenazas más relevantes de los últimos años. Los homicidios, registrados hasta el 25 de marzo, suman 517 vidas y –de acuerdo a la información del Sistema Nacional de Defunciones– se han cometido en la mayoría de regiones del país.

La inseguridad motivó que el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana (CONASEC) se declare en sesión permanente, y además que el estado de emergencia rija en Lima y el Callao, lugares en donde han ocurrido 226 homicidios. No cabe duda que el sicariato y las extorsiones están menguando la paz social generando escenarios de riesgo.

Si la vida de las personas, el trabajo y los negocios se encuentran amenazados, ¿es un problema de seguridad ciudadana o de seguridad nacional? La seguridad nacional se ve afectada cuando ocurren hechos que tengan un impacto tan grave que coloquen en peligro la continuidad del Estado, o que afecten los objetivos nacionales o que la emergencia vincule la vida de una gran sector de la población; mientras que la seguridad ciudadana busca garantizar la convivencia pacífica, la erradicación de la violencia interpersonal y la utilización libre de miedos de los espacios públicos frente a los diversos tipos de criminalidad nacional e internacional.

La Policía Nacional está logrando importantes capturas, lo cual significa que esta institución –pese a sus limitaciones– viene cumpliendo con su misión constitucional. Entonces, por el momento, este es un asunto de seguridad ciudadana, en el que sería recomendable que las Fuerzas Armadas no estén patrullando la ciudad, pues se las desnaturaliza. También importa implementar –oportunamente– las medidas acordadas en el CONASEC y que se efectúe reformas para mejorar el Sistema de Justicia.

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