Una cadena de responsabilidades en la salud privada originó la muerte de cuatro personas, entre ellas un menor de edad, lo que evidencia una falta de supervisión que no puede quedar impune, así se haya pedido disculpas y no exista dolo de parte de los culpables, como en el caso de Medifarma.
En un país donde la salud pública flaquea por la falta de procesos correctos no podemos darnos el lujo de que la atención particular sea una trampa mortal. Aquí no solo estamos hablando de la industria farmacéutica que suministró el suero fisiológico defectuoso, sino de la clínica donde acuden personas por diversos problemas de salud.
Me imagino el mal momento que debe pasar la familia de la paciente que acudió a una clínica para atenderse de una gripe y acabó con muerte cerebral por culpa del suero dañino. Le pudo pasar a cualquiera, a usted que lee ahora estas líneas, solo por el hecho de conseguir una atención más personalizada porque a nadie le gusta ir a un hospital.
Medifarma pidió las disculpas del caso, como corresponde en estos momentos, y decidió encargarse de la responsabilidad económica. Pero ¿qué pasa con los peruanos que prefieren una clínica en lugar de un centro de salud estatal?, ¿quién nos brinda seguridad en la atención particular?
La conclusión es penosa, nada devolverá la vida de estos pacientes. Pudo ser peor, sin duda, más aún sabiendo que el lote de suero peligroso se contaba por miles. Por lo tanto, urge un protocolo más riguroso en los centros de salud particulares y que alguien cumpla con la vigilancia estricta. No es poca cosa, y aunque la repercusión mediática ha sido desinteresada, se debe llegar hasta la última instancia.