En un país con instituciones fuertes, que un medicamento haya causado, hasta el momento, la muerte de tres personas y dejado en estado grave a otras 17, algunas con muerte cerebral, sería más que un escándalo.Para empezar, ya se habrían suspendido los permisos de operación de la empresa y, además de la investigación de los organismos sanitarios competentes, no solo se procesaría a los responsables de la elaboración del producto, sino también a los directivos e incluso a los accionistas. Pero como estamos en el Perú, es bastante probable que lo ocurrido con el suero fisiológico de Medifarma se salde con un pago de indemnizaciones y el encarcelamiento de algún mando medio del laboratorio.Sorprende, además, que desde el Parlamento no se haya alzado la voz para exigir respuestas ante esta negligencia, ya reconocida por la empresa, que ha costado la vida de tres peruanos y puesto en riesgo a miles más. Parece que nuestros congresistas han olvidado sus funciones.Así las cosas, lamentablemente, todo indica que este fatídico y negligente episodio terminará convertido en una anécdota y en parte de los recuentos noticiosos de fin de año, al igual que la caída del techo del patio de comidas del Real Plaza Trujillo y el colapso del puente Chancay.

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