La senadora Milagros Aguayo ha despertado una polémica innecesaria en torno a los huacos eróticos de la cultura Moche. La senadora moviliza sus influencias políticas para enclaustrar en museos las réplicas de los huacos eróticos –inspirados en cerámicas precolombinas– y retirar las producciones artísticas de los espacios públicos porque provocarían distorsión y confusión en los niños. En el fondo, esto revela la mentalidad puritana de la legisladora. Más que políticamente, hay que interpretarlo teológicamente. Ese puritanismo es lo que llevó a Estados Unidos a promover la “Ley Seca” a principios del siglo XX, prohibiendo el alcohol, o a encarcelar al escritor Oscar Wilde en 1895, por tener una relación homosexual con Alfred Douglas. Reiteramos, ¡es la mentalidad puritana! el origen de la discusión. Conviene precisar que desde esta tribuna no existe una hostilidad manifiesta o animadversión dirigida hacia la senadora, pues desde aquí, en febrero de este año, se han combatido las críticas emponzoñadas de políticos progresistas y cuestionado los tratos infamantes de la prensa, hacia la congresista, por las imágenes que circularon de ella junto a madres adolescentes víctimas de abuso sexual que ella protege. Se ha destacado que hace una labor encomiable pues reafirma la dignidad absoluta e inherente tanto de las adolescentes como de los bebes inocentes e indefensos. Pero esta polémica de trasfondo puritano debilita la imagen de la congresista y del partido Renovación Popular, no solo por escandalizarse por algo innecesario, sino porque también uno puede suponer que la congresista desprecia las cerámicas precolombinas de la cultura Moche.




