Entre el viernes y sábado, delincuentes armados han asesinado a tres personas en la zona de operaciones de la empresa minera Poderosa, en la provincia de Pataz, sierra de la región La Libertad; mientras que debido a fuertes lluvias a inicios del fin de semana se han activado tres quebradas que han ocasionado graves daños a vecinos de la provincia de Trujillo, e incluso han inundado las calles del centro histórico de la capital liberteña, pese a que se supone que se habían hechos trabajos para que esto un vuelva a suceder.

Todo esto ocurre mientras dicha región rica en minería, agroexportación, gastronomía y turismo, lleva ya casi dos décadas sumida en ola de violencia que se traduce en sicariato, extorsiones y hasta secuestros que han acabado con torturas y muertes. Lo que ocurre en La Libertad es una tragedia que no tiene nombre, pero a la que los propios ciudadanos de esa región que hoy tanto se quejan, han aportado al votar de la peor manera en sucesivos procesos electorales.

Por ejemplo hoy, su principal autoridad es César Acuña, el viajero gobernador regional que es dueño de un partido que ha tenido en sus manos diferentes alcaldías provinciales y distritales, así como una bancada considerable en los sucesivos congresos, con los desastrosos resultados que estamos viendo. Además, el caballero ya ocupó el mismo cargo años atrás, al cual renunció para ser candidato presidencial en 2016. Como relevo dejó a Luis Valdez, el que estaba fuera del país en pleno Niño Costero de 2017.

De otro lado, el actual alcalde de Trujillo surgió como reemplazante de un impresentable llamado Arturo Fernández, elegido por Somos Perú, que acaba de dejar la clandestinidad. ¿Cuál fue su “mérito” para ganar? El haber colocado un huaco erótico de gran tamaño en la entrada al distrito de Moche, insultar a mujeres, no acatar disposiciones durante las restricciones propias de la pandemia de COVID-19 y alucinar que va a ser el próximo presidente del Perú. ¿Querían que este personaje arregle sus problemas? Ahí lo tienen.

Hoy La Libertad camina a la deriva con un gobernador que solo sueña con sus próximas vacaciones o en ser presidente del Perú, y con una capital que tiene como alcalde a quien fue el segundo de un cero a la izquierda. Son los efectos de votar irresponsablemente por el de billetera más gruesa, el que mejor grupos musicales lleva a sus mítines, el que baila mejor o el más “gracioso”, todo esto mientras hace 20 años los matan, extorsionan, y les pasan los huaicos muy cerca de la plaza de armas de Trujillo.