Primero el caucho, luego los minerales, ahora el puerto de Chancay. ¿Por qué es tan importante este puerto para el futuro (acaso presente) económico del Perú? Porque representa la gran oportunidad que tiene el Perú de hacerse más competitivo, pero sobre todo de desarrollar industrias. Saludables son los anuncios de creación de una zona económica especial, en contraste al avance en los proyectos de infraestructura complementarios al puerto. Y es aquí donde me quiero detener.

El inicio de operaciones del puerto de Chancay pone al Estado entre “la espada y la pared” pues como siempre, no se ha planificado y ejecutado con el tiempo debido las condiciones habilitantes que potencien los beneficios económicos del puerto. No hay tiempo para seguir los extensos procesos de adendas para las vías que conecten Chancay con el Callao, no hay tiempo para anuncios parroquiales sobre lo que se quiere hacer. Se requieren medidas concretas, fast tracks para los proyectos complementarios y financiamiento asegurado. Esto no depende de un solo ministerio, es una política de estado con visión de desarrollo.

No todo es infraestructura vial. El modo de transporte eficiente por excelencia es el ferroviario. Trenes de integración y el ferrocarril que une Chancay con Pucallpa son importantes para el comercio con Brasil, Asia y Oceanía. Es así que, al Perú, el puerto de Chancay le obliga al Perú a “ponerse las pilas” para invertir en nuevos modos de transporte de carga y personas. Pero también significa una oportunidad para los países vecinos de América del Sur pues el puerto beneficiará a todo el bloque regional. La implementación de corredores ferroviarios y multimodales que trasciendan las fronteras más que un sueño deben ser una realidad.

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