Reventa de entradas, descontento con los teloneros, ingresos ilícitos, entre otros escándalos estuvieron relacionados con el concierto de Bad Bunny. El puertorriqueño no fue el único “conejo malo” de la noche del 15 de noviembre. La falta de valores cívicos estuvo representada por unas personas que bailaron encima de un auto estacionado cerca del Estadio Nacional (lugar del concierto), lo pisotearon con euforia, lo dejaron en mal estado y publicaron su hazaña en redes sociales. Moisés Tinoco, dueño del vehículo, pidió ayuda para identificar a los responsables de los daños. Gracias a los videos se dieron a conocer algunos nombres, pero, en el colmo del descaro, uno de los implicados respondió con sarcasmo: “ahorita le compro otro carro”. ¿Cuándo aprenderemos a respetar los bienes del otro? Una sociedad que se deja llevar por las pasiones del momento y causa daños no está preparada para crecer al ritmo de los países avanzados o también llamados “del primer mundo”. Siempre les digo a mis alumnos que el tercer mundo (el subdesarrollo) es un “estado mental”. Es una persona estacionando su carro en la vereda destinada para los peatones, es un vecino pagando para que se lleven la basura lejos de él, pero cerca de otros, es un grupo de jugadores de pichanga tomando alcohol en las vías públicas. No basta con admirar las buenas acciones, como las de los japoneses recogiendo la basura de los estadios, empecemos a imitarlas. Y, desde luego, también debemos condenar actos vandálicos como subirse a un auto ajeno, montar una fiesta improvisada y causar daños.

TAGS RELACIONADOS