El ministro del Interior, Víctor Torres Falcón, informó ayer que la Policía Nacional del Perú está trabajando incansablemente para ubicar y detener a Vladimir Cerrón, quien se mantiene prófugo de la justicia desde hace más de dos meses. Sin embargo, estas afirmaciones generan escepticismo a la luz de la falta de resultados concretos.

Torres Falcón, al igual que su predecesor, Vicente Romero, ha solicitado paciencia a la ciudadanía, asegurando que la sorpresa de la captura de Cerrón podría producirse en cualquier momento. No obstante, estas palabras son difíciles de digerir para una población que ya ha escuchado promesas similares en el pasado, sin ver resultados tangibles. La realidad degrada esas declaraciones.

Mientras tanto, el prófugo líder de Perú Libre continúa activo en las redes sociales, utilizando plataformas para promover sus intereses políticos e ideológicos. Parece muy seguro que nada le pasará.

Este patrón de frases declarativas, buenas intenciones y promesas incumplidas socavan la confianza en las instituciones encargadas de mantener el orden y la justicia en el país, pero también en el Gobierno. Este panorama echa muchas sombras sobre la voluntad de las autoridades de ubicar a Cerrón y detenerlo. Es evidente que se necesitan estrategias más eficaces para capturar al prófugo. Todo lo demás será percibido por la gente como el triunfo de la impunidad en nuestro país. Y ya se sabe, la impunidad alienta el delito.