El partido de gobierno es un factor importante para la calidad de un Estado en la medida que asume responsabilidades de conducción de un país. Si es mal conducido o le faltan mecanismos de decisión democráticos o de control de sus dirigentes, tendrá malos resultados en la dirección del Estado. Lo estamos viendo con Gana Perú, llamado también Partido Nacionalista.

El control de calidad del trabajo de sus dirigentes es esencial para cumplir con la dirección política de la sociedad. Si los controles internos no funcionan, se producen las “epidemias de incompetencia” que generan situaciones caóticas en las políticas internas, como lo estamos viendo.

Todos los partidos deben responder con líderes calificados y con una organización interna suficiente para competir con los otros partidos. Por eso preocupan crisis como la del Partido Popular Cristiano, considerado muy serio. Y es que poder ganar elecciones internas es un paso indispensable para estar en capacidad de dirigir a la sociedad. Si esto no funciona, llegar al poder es casi imposible.

En Gana Perú, la “epidemia de incompetencia” es palpable a extremos que se ven en el juego de las candidaturas presidenciales, poniendo y retirando candidatos. No extraña que suceda con una presidenta puesta a dedo, sin Comisión Política o instancia intermedia conocida. Cuando se usa la infraestructura del Estado sin rubores y se realizan conferencias de prensa en las que la lideresa dice y desdice respecto de las denuncias que la colocan en la cuerda floja judicial. Sin hablar de la bancada parlamentaria desgranada, afectada de decepción, donde solo han quedado los diestros en el blindaje y en argumentos que pocos creen. Que su presidenta ostente una confianza de solo 8%, a la baja, es el indicador total de un partido de juguete que no puede cumplir sus funciones pero que lamentablemente continúa afectando con efectos desastrosos al gobierno de su fundador, Ollanta Humala.

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