“Tal como nos anunciaban las encuestas, se produjo ayer la mayor sorpresa electoral de la deshilvanada historia democrática peruana. El ingeniero Alberto Fujimori impidió que Mario Vargas Llosa lograra la victoria clara, en primera vuelta que él reclamaba y su mensaje merecía”, se leía en un editorial de una revista peruana el día siguiente de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 1990. Lo demás todos lo sabemos. Un desconocido candidato, improvisado y sin recursos, vencía en segunda vuelta y se convertía en presidente de la República.

A partir de allí todos quisieron ser Fujimori. En los últimos 30 años muchos formaron partidos de con la esperanza de dar el batacazo. Ser el outsider parece ser la única pasión que tienen los políticos y a eso apunta su propaganda. Lo de Pedro Castillo parece haber acentuado la idea que basta con ser diferente al político tradicional para ganar.

Debe ser por eso que en estos momentos hay 25 partidos inscritos y 12 en proceso de formalización. No sería raro que en el 2026 haya cerca de 40 candidatos a la presidencia.

Con tantos partidos habrá atomización y caos en la próxima campaña electoral, algo que impedirá emitir un voto inteligente.

Ya están lejanos los tiempos en que el APRA, Acción Popular, PPC e Izquierda Unida sumaban el 97% de votos. Hoy todo está fragmentado y hasta evaporado. “Los partidos tradicionales no solo fueron desplazados por vehículos personalistas, sino que además a nivel local los partidos nacionales de todo tipo fueron desplazados por movimientos efímeros organizados entorno a candidatos específicos”, decía Mauricio Zavaleta en el libro “¿Por qué no hay partidos políticos en el Perú?”:

Es evidente que si no hay cambios, seguiremos padeciendo gobiernos inestables e incompetentes.

TAGS RELACIONADOS