El profesor Pedro Castillo se lanzó a la Presidencia del Perú ofreciendo una revolución que supuestamente iba a transformar las estructuras del Estado y hacerlo más grande. Sin embargo, en 13 meses el caballero ha demostrado que su administración no es capaz de comprar urea ni pasaportes, ni convocar a gente capaz para integrar el Poder Ejecutivo.

Incluso a las pocas semanas de asumir el cargo el presidente Castillo lanzó una demagógica “reforma agraria”, un conjunto de buenas intenciones para el siempre postergado campo. No obstante, los ministros de Desarrollo Agrario y Riego han ido de mal en peor, al extremo que uno de ellos fue acusado de dos asesinatos y otro pasó una temporada en la cárcel.

Más allá de las escandalosas denuncias de corrupción, es evidente que estamos ante un gobierno incapaz que no encuentra el rumbo simplemente porque no cuenta con un líder con ideas. Por sí solo, los constantes cambios de ministros son un misil a la línea de flotación de cualquier administración que pretenda ser seria.

No puede haber continuidad en políticas públicas en un gobierno que en 13 meses de gestión ya tiene poco menos de 70 ministros y cuatro jefes de gabinete, todos ellos muy cuestionados y una verdadera traba para el país.

El Perú necesita un golpe de timón urgente, antes que se produzca el naufragio. ¿Los cambios que se producirán hoy en el Congreso nos llevarán a eso? Ojalá.