La decisión de la Comisión de Constitución del Congreso de eliminar las elecciones primarias abiertas y obligatorias ha generado una nueva polémica en el escenario político nacional. Para muchos representa un golpe significativo a las aspiraciones de mejorar el sistema político peruano. Es que desvirtuar las reformas que tiempo atrás se estaban trabajando en el Parlamento suprime un importante filtro que permitía a los ciudadanos participar activamente en la selección de candidatos, debilitando así el ejercicio democrático. Ojo que más de un congresista gritaba a los cuatro vientos que la prioridad era aprobar estas reformas antes que un adelanto de elecciones.

El proyecto, que debe ser aprobado en el Pleno para que sea efectivo, modifica la Ley de Organizaciones Políticas de cara a las elecciones generales. En este, las cúpulas de los partidos podrán designar a sus candidatos, sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos o incluso de los propios militantes de sus agrupaciones políticas.

Esta tendencia va en contra de las reformas necesarias para mejorar el sistema político, dejando a los ciudadanos con una voz casi imperceptible. El riesgo inherente a esta decisión es seguir en la misma situación, algo que resuta nocivo para la democracia peruana. La falta de participación ciudadana y la concentración de poder en las cúpulas partidarias son elementos que han debilitado históricamente la salud democrática del país.

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